Estados Unidos 2012

Balances de un gran viaje

En septiembre de 2011 me postulé para asistir al Seminario País Federal que organiza desde hace ya varios años la Fundación Universitaria Río de la Plata (FURP). Como suele suceder en este tipo de cosas, algo tuvo que ver la casualidad, y mucho, la curiosidad. Tuve la suerte de quedar seleccionado y en diciembre participé junto a más de 70 jóvenes de toda la Argentina de un curso que nos reunió con importantes dirigentes de la política y la sociedad de nuestro país. De aquel encuentro quedaron excelentes impresiones, mucho aprendizaje y un gran número de amigos y conocidos, todos muy “inquietos”, en distintos rincones de la República.

De aquel grupo quedamos quince personas que, seleccionados por la FURP, participamos del International Visitor Leadership Program (IVLP), uno de los programas de intercambio más importantes del Departamento de Estado de los Estados Unidos. El programa consistía una estancia de casi un mes de duración, repartidos en una fase “texana”, organizada por la FURP, que incluía estadías en Austin, Dallas y San Antonio, y otra gestionada por las autoridades estadounidenses, que nos llevaría a Washington DC, las ciudades de Harrisburg y Philadelphia en el estado de Pennsylvania, y la célebre New York como broche final. Pude sumarle, con la venia de los organizadores, unos días más en la capital estadounidense por motivos académicos, y otros tantos en Birmingham (Alabama), visitando a un amigo.

Con los Estados Unidos tuve siempre una relación muy especial, quizá contradictoria. Como docente, me ocupaba de transmitir a mis alumnos el impacto de la Revolución Americana en el continente y las causas que motivaron el accionar de los Padres Fundadores, a quienes les manifestaba gran admiración. Lo mismo me ocurría con la democracia, tal y como ellos la imaginaban. Por otro lado, como politólogo dedicado a la investigación de la temática árabe e islámica, y habitante de este suelo latinoamericano, entendía que los intereses de Estados Unidos con frecuencia chocaban con los de estos dos hábitats que me resultaban afines. Sin embargo, este viaje era mí una posibilidad de aprendizaje, por lo que estaba dispuesto a aprovechar la experiencia al máximo.

Una de las primeras cosas que aprendí fue que los Estados Unidos no son solamente una manifestación de política exterior, ni siquiera son sus políticas públicas en general. Los Estados Unidos están habitados por un pueblo diverso, no solo en idiomas y origen sino también en maneras de pensar y vivir lo público y, por ende, también lo privado. Estos modelos se desarrollan plenamente y conviven, por supuesto con conflictos, pero sin que éstos impidan funcionar al sistema, o mejor dicho, al conjunto de sistemas interrelacionados. Los Estados Unidos son un conjunto, no una estructura monolítica.

La lección anterior implicó una segunda. Esta variedad tiene su fundamento en la libertad, enraizada en la primera enmienda: libertad de religión, de prensa, de opinión, de reunión y de petición a las autoridades, repetida a mansalva por grandes y chicos. Esos valores han inspirado a generaciones y han permitido al ingenio estadounidense proyectarse sin límites a la vista; porque no es una libertad meramente filosófica, sino que implica también praxis, el ejercicio de ella. La libertad ha recorrido un largo camino, que se hace vivo en la propia historia del país: desde el Independence Hall en Philadelphia, donde se proclamó la emancipación nacional, hasta el Civil Rights Institute de Birgmingham, que refleja las luchas de los afroamericanos durante los ‘60.

Estas impresiones no son el mero resultado de conferencias y paneles con referentes académicos o personajes de la vida pública de los Estados Unidos, sino también de encuentros casuales con personas comunes en subtes y calles. Entre las experiencias informales, merece ser destacada la home hospitality, que nos permitió compartir una cena informal con una familia estadounidense. Recuerdo las preguntas al matrimonio Moore: ¿qué sintieron cuando cayeron las Torres Gemelas? ¿Qué estaban haciendo cuando el presidente Kennedy fue asesinado? Y también, por supuesto, las preguntas de los anfitriones: ¿Qué piensan en Argentina de nosotros? ¿Cómo logran que la juventud se involucre en la política? Todo condimentado, además, con las conclusiones cruzadas de los compañeros de viaje.

En conclusión, el viaje ha sido, sin dudas, una experiencia feliz. Estados Unidos acabó siendo un entramado complejo, difícil de desenmarañar de buenas a primeras. Estados Unidos es en sí mismo un desafío, de esos que alegran el alma a los curiosos. No es el lugar sin fisuras que imaginaba; es, en cambio, un lugar de contrastes, de opiniones diversas y discusiones profundas, donde, por supuesto, las presiones de los intereses particulares existen y actúan con astucia, pero donde habita, como contraparte, una ciudadanía con un alto nivel de conciencia sobre sus derechos; una sociedad civil que, cuando se moviliza, posee una gran capacidad de organización.

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